La Joie de Vivre

Ayer rompí premeditadamente la pauta de escribir y publicar a diario. La ocasión lo merecía. Estaba ocupada experimentado algo de lo que había oído hablar en multitud de ocasiones, sobre todo en los libros, la “joie de vivre“. Se trata de una expresión francesa cuya traducción literal sería: La Alegría de Vivir. Pero es algo más que eso… es una filosofía de vida, una forma de estar y de disfrutar el momento. Consiste en aceptar las cosas tal y como son ahora, verlo como un todo, ni lo bueno ni lo malo, solo sentir las sensaciones del momento, aceptando la vida tal y como es. Como ellos dicen aceptar la vida “telle qu´elle est“. Y eso solo puede sentirlo uno mismo en su interior, no importa en qué momento de la vida te encuentres. A veces nos equivocamos y la buscamos en el amor del otro, en el reconocimiento y la aprobación de los demás, en el trabajo, en la estabilidad económica, en las cosas materiales. Y no está ahí…

Recuerdo una conversación con una persona que trabajaba para una ONG que desarrolla su labor  en un país africano, donde ayudaban a la población infantil en cuanto a educación y atención médica se refiere. Hacía entrevistas para seleccionar voluntarios para la campaña de verano, y decía algo muy curioso, que la mayoría de las personas que optaban a este trabajo, al preguntarles qué podían aportar, respondían que iban a hacer felices a estos niños y a intentar que no estuvieran deprimidos. Él contaba que los niños son pobres y tienen muchas carencias, pero que no están tristes, que disfrutan y valoran su forma de vida. Es lo único que conocen y que tienen. Y a pesar de sus circunstancias ríen, juegan y están contentos. No necesitan que un europeo, con todos lo medios a su alcance, les enseñe como disfrutar de su vida y ser felices. Seguramente mucho más que muchos niños de nuestro entorno, que nadan en la abundancia, y que están sujetos a un montón de reglas y  que se ven obligados a cumplir las expectativas que sus padres y educadores les imponen.

Pues yo he sentido esto, la “joie de vivre” durante los dos últimos días. Todo el mundo sabe que La Provenza francesa  es un lugar encantador, muy mediterráneo y en un entorno privilegiado de la naturaleza. Pero lo más sorprendente no son los paisajes, pueblos o montañas de la zona, (que realmente son espectaculares hasta hacerte llorar de emoción), sino la forma de vida. El ritmo de la gente, su amabilidad, sus costumbres, sus horarios, su forma de valorar lo realmente importante.

Estos días me hospedo en un estudio, en una casita francesa de Saint Rèmy de Provence, en la que viven una mujer y sus dos hijos. He aprendido tanto de ellos en dos días, que sé que me va a costar mucho irme de aquí. Los niños disfrutan toda la tarde en el jardín, juegan sentados en la hierba, reciben visitas de amigos aunque sea un día entre semana, no un fin de semana. La mamá recibió ayer miércoles en su casa a varios amigos después de cenar, en torno a las ocho de la tarde, y charlaron durante dos horas amigablemente mientras toman un vino blanco. Yo escuchaba sus risas desde mi estudio y envidiaba su conversación, eran temas cotidianos, personales, nada superficiales, tratados con un respeto y una preocupación del uno por el otro, con anécdotas y risas, brindando por el momento que estaban compartiendo. Para ellos es importante cuidar y mantener estos hábitos y lo hacen una día a la semana en casa de unos o de otros.

Yo he viajado sola para reencontrarme con este bonito lugar del que me enamoré siendo niña y he recordado porqué. Un deleite para los sentidos, el paladar, la vista, el oído y sobre todo una cura para el alma herida.

Y todo eso lo resume un solo momento que he vivido hoy… Sentada en un café en la Plaza de Favier, (donde yo vivía cuando venía a esta localidad con 13 años, en los intercambios del instituto con alumnos franceses), leyendo una novela en francés, (que había comprado unos minutos antes en una librería impresionante llena de publicaciones de todo tipo, y de libros que hay cerca de la plaza), he tenido uno de esos momentos místicos que te hacen volar. Me pedí un café y me fumé un cigarrillo de la marca Gauloise, no fumo habitualmente, pero aquí el tabaco tiene un sabor especial y me ayuda a respirar hondo. Me sirvieron un “café o lait” con cacao en polvo. Un café suave, con mucha crema de leche y templado, no abrasador. Tan sencillo como eso… el olor del chocolate y el café al acercarte la taza a la boca, la bucólica terraza donde estaba, los recuerdos de mi juventud sentada en la fuente de aquella plaza (aun conservo la foto), la fachada de la casa donde vivía… Todo esto me ha transportado a mi misma y me he reconocido. No sentía nada… ni bueno ni malo, solo una satisfacción muy agradable, una sensación de querer alargar el momento, de no tener prisa, de quedarme allí, de estar en blanco, conmigo misma. Sola y tranquila. Solo mirando lo que tenía ante mí y disfrutando con los 5 sentidos lo que estaba haciendo.

Sin darme cuenta me he leído unas 50 páginas de la novela en francés, sin diccionario ni traductor, concentrada en el argumento e intentando entender el sentido de cada frase. No existía nada ni nadie. Solo mi libro y yo. Cuando he levantado la vista había pasado más de una hora. Por suerte ya había comido, aquí el almuerzo es a las 12.30, y los comercios cierran a esa hora. Y yo he hecho lo mismo. De eso os hablaré otro día porque ha sido memorable también. ¡Qué rico está todo! No sé si es el aire provenzal, que me paso el día caminando, que hace un sol espléndido y voy en tirantes, sandalias y pantalón corto, que estoy todo el día impresionada, con los ojos abiertos de par en par, ante la cantidad de lugares con encanto que encuentro en cada esquina, lo que me hace no pensar en nada, solo mirar…, lo cierto es que he recuperado el gusto y las ganas de comer.

No quiero perder esa sensación… es inexplicable. Es tan sencilla y espontánea que no das crédito. Es la sensación de estar vivo, de dejar a un lado la apatía y el aburrimiento, de querer disfrutar el momento (y de creer firmemente que puede haber muchos más), de entender que la vida es así, que todo está en tu interior y que no debes dejar que nada ni nadie cambie eso dentro de ti. Porque tú vales mucho, y no necesitas que nadie te lo diga… lo sabes. Vive tu vida como lo que eres, algo valioso y único… lo demás no importa. Perdona, olvida y cuídate… lo demás ya no existe…, es sólo el pasado que almacenas en tu memoria. Pues eso, almacénalo y déjalo ahí, y empieza tu nueva vida… como yo. Se valiente, haz lo que siempre has soñado, no tengas miedo (te hará perderte cosas bonitas y nuevas), aprende a decir que no, y a saber que no puedes gustar ni agradar a todo el mundo, (de hecho hay personas que no forman parte de tu vida a pesar de tus esfuerzos por ser buena y complaciente), y  asume que no eres imprescindible para nadie.

Aprende a ser un poco más egoísta y piensa en ti. Ahora lo necesitas… Haz una locura como yo… vete al lugar en el que has sido muy feliz. Recuerda quien eras y el valor que tenías, lo que querías hacer en la vida o mejor dicho, ser en la vida y lucha por ello. Se trata de ti, no es cuestión de ser o no feliz, es más bien de conocerte y aprender a quererte. Sabrás que lo has conseguido cuando duermas de un tirón y no sueñes con nada ni con nadie, tengas un buen apetito, todo te parezca precioso y quieras estar sola contigo misma. Esta última es la señal indiscutible… tú y solo tú.

Así que no pienses en lo que pudo ser y no fue, en lo que tenías y has perdido, piensa que te tienes a ti misma. Que tu corazón es muy grande y tienes mucho amor que dar al mundo, no solo como concepto romántico. Comparte como te sientes, sea bueno o malo, cuéntalo… compártelo.. desahógate…, verás que hay personas cercanas que tienen problema como tú y se sinceran, y esto creará lazos únicos entre vosotros. Siempre hay personas a tu alrededor que lo están pasando mal, y tienen problemas mucho más importantes que ni podías imaginar, porque casi nunca se habla de ello. Tendemos a fingir que todo va bien, por no preocupar a los demás, por no mostrarte débil, por vergüenza… Piensa que tu experiencia pueda hacerles soñar con otra vida, o entender qué les está pasando… como a ti.

Cierra los ojos, intenta ver cómo eres, siente que eres una buena persona y que tienes mucho que ofrecer. Y lucha por ti, por tus sueños, y por llevar la vida que siempre has querido llevar. Lo demás son excusas o cobardía. Hay que ser valiente, porque cuando estás en el hoyo nadie viene a sacarte, tienes que salir por ti misma, por tu propio pie, y aprender a cuidar de ti. San sencillo como complejo, pero posible…

Buenas noches desde el paraíso, un pequeño y pintoresco pueblo francés llamado Saint Rèmy de Provence, que ya forma parte de mi vida, y al que volveré con frecuencia… esta vez no van a pasar 30 años. Ahora tengo una motivación para seguir adelante… volver aquí y sentir la “joie de vive“.

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